La hipótesis sobre la existencia de vida en Venus se desvanece con otro estudio

La hipótesis sobre la existencia de vida en Venus se desvanece con otro estudio


Ilustración para el artículo titulado

Imagen: JAXA/ISAS/DARTS/Damia Bouic

Los científicos sorprendieron al mundo el año pasado cuando afirmaban haber descubierto rastros de fosfina en las nubes venusinas. Una nueva investigación sugiere que este gas, que curiosamente es producido por microbios, no fue realmente responsable de la señal que detectaron, sino que probablemente se tratase de dióxido de azufre, un elemento químico mucho menos emocionante.

Una extraordinaria investigación publicada en Nature el pasado septiembre está siendo confrontada por un artículo escrito en The Astrophysical Journal, cuya versión preliminar se puede leer en arXiv. Este no es el primer artículo que critica el aparente descubrimiento de fosfina en Venus, y probablemente tampoco será el último.

Que pudiera haber fosfina en Venus fue una revelación que nos dejó a todos boquiabiertos, y eso se debe a que los organismos vivos son una de las únicas fuentes conocidas de este gas. El equipo responsable del descubrimiento, dirigido por la astrónoma Jane Greaves de la Universidad de Cardiff, encontró pruebas de ello en señales espectrales recogidas por dos radio antenas: el telescopio James Clerk Maxwell (JCMT) y el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA). Las líneas espectrales de ciertas longitudes de onda indican la presencia de sustancias químicas concretas, y en este caso, implicaban la presencia de fosfina en la capa de nubes venusianas.

Los autores del estudio de Nature no afirmaban que existiese vida en Venus. Más bien, fue una llamada a la comunidad científica para que ayudaran a explicar su extraña observación . De hecho, fue una afirmación excepcional, ya que implicaba que Venus, uno de los planetas más inhóspitos del sistema solar, en realidad podría ser habitable y tener organismos microscópicos flotando en sus nubes.

Por desgracia, este no parece ser el caso.

“En lugar de fosfina en las nubes de Venus, los datos plantean una hipótesis alternativa: lo que detectaban era dióxido de azufre”, explicó Victoria Meadows, coautora del nuevo estudio y profesora de astronomía en la Universidad de Washington. “El dióxido de azufre es el tercer compuesto químico más común en la atmósfera de Venus y no se considera un signo de vida”.

Meadows, junto con investigadores de la NASA, el Instituto de Tecnología de Georgia y la Universidad de California, llegaron a esta conclusión creando modelos de las condiciones de la atmósfera venusiana, con la intención de reinterpretar los datos recopilados por el equipo original.

“Esto es lo que se conoce como un modelo de transferencia radiativa, e incorpora datos de varias décadas de observaciones sobre Venus de múltiples fuentes”, explicó Andrew Lincowski, investigador de la Universidad de Washington y autor principal del artículo.

Equipados con este nuevo modelo, los investigadores simularon las líneas espectrales producidas por la fosfina y el azufre en distintas altitudes atmosféricas, además de aprovechar las firmas captadas por el radio telescopio ALMA y el JCMT. Los resultados mostraron que la forma de la señal, detectada a 266,94 gigahercios, probablemente provenía de la mesosfera de Venus, una altura extrema donde puede existir dióxido de azufre pero no fosfina debido a las duras condiciones, según la investigación. De hecho, este entorno es tan extremo que la fosfina no duraría más de unos pocos segundos.

Como argumentan los autores, los investigadores originales subestimaron la cantidad de dióxido de azufre que hay en la atmósfera de Venus y, en cambio, atribuyeron la señal de 266,94 gigahercios a la fosfina (tanto la fosfina como el dióxido de azufre absorben las ondas de radio cercanas a esta frecuencia). Esto sucedió, según los investigadores, debido a un “efecto secundario indeseable” conocido como dilución de la línea espectral, según explicaba el coautor del estudio y científico del JPL de la NASA, Alex Akins.

“Infirieron una baja detección de dióxido de azufre debido a una señal artificialmente débil de ALMA”, agregó Lincowski.

Este nuevo resultado podría resultar devastador para el artículo de Nature, y será interesante escuchar cómo responden los autores a esta última crítica. Dicho esto, algunos científicos creen que la escritura ya está en la pared, o más exactamente, en la papelera.

“Rápidamente después de la publicación del trabajo original, tanto otros como nosotros hemos planteado serias dudas sobre su análisis”, respondió Ignas Snellen, profesor de la Universidad de Leiden, en un correo electrónico. “Eso sí, personalmente creo que este es el último clavo en el ataúd de la hipótesis de la fosfina. Por supuesto, nunca se podrá probar que Venus está completamente libre de fosfina, pero al menos ahora no quedan pruebas que sugieran lo contrario. Estoy seguro de que otros seguirán buscando”.

En diciembre, Snellen y sus compañeros confrontaron el estudio de Nature, argumentando que “no existían pruebas estadísticas” de fosfina en Venus.

La aparente ausencia de fosfina en Venus y, por tanto, la ausencia de indicios de vida microbiana, es mucho menos interesante que la opción opuesta, pero esto es algo que tenemos que nos toca asumir a veces en la comunidad científica.

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